
La alimentación sin cereales no es causa de miocardiopatía dilatada (MCD)
En el ámbito de la salud canina, la miocardiopatía dilatada (MCD) se ha entendido durante mucho tiempo principalmente como una afección genética. Ciertas razas caninas han mostrado históricamente una predisposición a esta afección, conocida como MCD primaria(Dukes-McEwan et al., 2003; Meurs, 2003; Leach et al., 2022). Esta predisposición se observa sobre todo en razas como el Doberman Pinscher(Wesset al., 2010; Beier et al., 2015), el Lobero Irlandés(Vollmar et al., 2013; Vollmar et al., 2019), el Gran Danés, el Cocker Spaniel Americano, el Bulldog Inglés, el Golden Retriever(Belanger et al., 2005), el Terranova(Backus et al., 2003; Fascetti et al., 2003; Backus et al., 2006), San Bernardos, Perros de agua portugueses(Sleeper et al., 2002) y Schnauzers estándar y gigantes(Harmon et al., 2017), tal y como han documentado durante años de investigación expertos como Dukes-McEwan et al., Meurs y Leach, entre otros.
Aunque los factores genéticos han estado en primera línea, estudios recientes han desplazado la atención hacia los posibles desencadenantes dietéticos, en concreto, las dietas ricas en legumbres, patatas y boniatos, a menudo clasificadas como dietas «no tradicionales». Este cambio de enfoque se inspiró en una serie de publicaciones de Kaplan, Ontiveros, Freid, Walker, Freeman, Owens y Quilliam que abarcan de 2018 a 2023(Kaplan et al., 2018; Ontiveros et al., 2019; Freid et al., 2021; Walker et al., 2021; Freeman et al., 2022; Owens et al., 2023; Quilliam et al., 2023). Sin embargo, es crucial señalar que existe un contrapunto de investigación, incluidos los estudios de Donadelli, Pezzali, Cavanaugh, Reilly y Singh, que no muestran ningún impacto perjudicial de estas dietas en la función cardiaca(Donadelli et al., 2020; Pezzali et al., 2020; Cavanaugh et al., 2021; Reilly et al., 2021; Singh et al., 2023).
El discurso sobre este tema no está exento de complicaciones. El corpus de investigación, aunque creciente, tiene ciertas limitaciones, como señalaron McCauley y otros en 2020. Entre ellas se incluyen la falta de control de parámetros dietéticos específicos, como las cantidades exactas de legumbres, como guisantes, habas, garbanzos y lentejas, o patatas, variables no controladas en estudios observacionales e incoherencias en factores como la predisposición de la raza, el uso de suplementos y el tamaño de las muestras.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) también ha entrado en el debate, impulsada por los informes sobre el aumento de casos de presunta MCD asociada a la dieta. Iniciaron investigaciones sobre la posible correlación entre determinadas dietas y la MCD(1). Sin embargo, a pesar del aumento de las ventas de alimentos para mascotas sin cereales (un 500% más de 2011 a 2019, según Quest et al.), la tasa de incidencia de diagnósticos de MCD en perros permanece relativamente invariable en los hospitales veterinarios de Estados Unidos.
En medio de este complejo escenario, se diseñó un estudio prospectivo con objetivos específicos: monitorizar los cambios en los parámetros ecocardiográficos y ciertos biomarcadores cardíacos (NTproBNP, cTnI) y evaluar las biopsias endomiocárdicas en perros que consumían varias dietas personalizadas representativas de las opciones sin grano e con grano incluido del mercado actual. La hipótesis era sencilla: estas dietas no afectarían negativamente a la salud cardiaca de una cohorte de perros de raza pura y mestizos durante un periodo de siete meses.
Los resultados fueron reveladores: aunque hubo un efecto notable del tratamiento sobre la fracción de eyección (FE), todas las FE se mantuvieron dentro del intervalo de referencia. Es importante destacar que no se observó ningún efecto del tratamiento en otros parámetros y biomarcadores cardiacos de los perros, independientemente de sus dietas específicas. El estudio concluyó sin que se observara desarrollo de disfunción cardiaca en los sujetos de prueba según los parámetros ecocardiográficos, los biomarcadores cardiacos seleccionados o las biopsias endomiocárdicas.
Esta conclusión subraya la necesidad de que la investigación futura se centre en aislar los casos individuales para señalar las variables precisas y los posibles mecanismos en juego en los casos de presunta MCD asociada a la dieta en perros. La búsqueda para descifrar la relación entre la dieta canina y la salud cardiaca, al parecer, es un viaje continuo. Comprender la ciencia de la nutrición canina es primordial para proporcionar a nuestros perros la alimentación más saludable.
Se trata de otra investigación que echa por tierra la teoría de que los alimentos para perros ricos en plantas que contienen legumbres, como guisantes, garbanzos, habas y lentejas, eran peligrosos para los perros y una posible causa de MCD en ellos.